5 Lecciones de mi 21 Días Detox

¿Te pasa que venías bárbara con tus hábitos saludables y de golpe… ehh oops?

Uy a mi sí.

Me encantaría decirte que no.

Que llega un momento en que uno la tiene clarísima y nunca tenés ni un desliz, pero si te soy honesta la vida no es así y no sé ni si quiero que mi vida sea así. ¿Quién no ama un buen cumple? ¿Y verdad que parte del afloje de las vacaciones es “no pensar”?

PERO.

Después del verano mi cuerpo gritaba: “Vic, porfi detox!”

(Léase estaba con menos energía, un poquitín irritable y mi piel ouch)

Soy de comer bien y tengo muchísimos hábitos incorporados pero aún así cada tanto necesito reenfocarme en mi alimentación y me gusta hacer 3 o 4 semanas en modo full detox.

¿Por qué?

Porque 21 a 30 días es el tiempo que se tarda en formar nuevos hábitos.

 

El domingo terminé mis 21 días (y voy por unos días extra ahora!)

Si vos también estás necesitando un reset, anímate!

Te cuento 5 Lecciones Que Se Quedan Conmigo después del detox – espero que te aporten a vos también para preparte en qué esperar, qué hacer y que NO hacer. (Cremee, te vas a evitar un par de dolores de cabeza con esto).

Van los piques:

 

1. Objetivos Claros

La claridad en qué te proponés y por qué cambia todo.

 

QUÉ ME PROPONGO: Cada uno puede hacer su detox a su ritmo y con su intensidad. Personalmente elegí hacer un detox por 21 días, con las 4 comidas y el jugo verde. Me propuse también tomar smoothies de merienda casi todos los días, cuidar mis horarios, minimizar los azúcares, dejar afuera ciertos FODMAPS que estoy probando cómo me afectan digestivamente, y no tocar ni un refresco. (Sip, me da vergüenza hasta mencionar eso último pero en verano había sucumbido a los refrescos y en mí son altamente adictivos, ay ay ay!).

 

POR QUÉ ME LO PROPONGO: Según los expertos, cuando escribimos nuestros objetivos aumentan nuestras chances de lograrlo en más de 40%. Opa la la. Tengo super clara esta estadística desde hace años. ¿Lo hago siempre? Nope. Con el 21 Días quería toda la ayuda extra que pudiera recibir así que anoté todo y Opa!: funciona.

Saber por qué quería hacer esto me sostuvo cuando costaba + algo clave: me ayudó a flexibilizar y poner perspectiva cuando las cosas no salían como tenía planeado, o estaba super antojada de algo dulce, o erraba con los horarios (otra vez!).

Me recordaba a mi misma: “me propuse esto para mejorar, si ya fuera perfecta no hubiera necesitado esta meta y es normal que cueste”. También me recordaba que hago esto para sentirte más coherente conmigo misma, con mis valores y lo que creo, y en definitiva para ser yo misma y más feliz. Mi objetivo dejó de ser un “cumplir” o “x kilos menos” para ser un desafío conmigo misma de a ver hasta dónde llego, y descubrir lo bien que me puedo sentir con los cambios.

 

TIP: Cuando empieces un detox anotá qué te proponés (duración, intensidad, otros detalles de qué incluir o qué minimizar), y por qué lo hacés.

 

 

2. Hacerlo en grupo

El finde previo a mi 21 Días estaba de vacaciones, me había ido a pasar el finde con mi padre y mi hermana a Rocha y aunque la manejada se hace eterna esos aires y costas valen la pena. Dejé todo planificado en Montevideo así a mi regreso empezaba a full y estaba chocha.

¿Y te imaginás qué pasó el lunes?

Pah, que no pasó. Los lunes y yo no siempre nos llevamos bien. (Si ves mis VIVOS de 2 PM en Insta sabés a qué me refiero. je).

Ese lunes terminamos llegando tardísimo a la capital y confieso que mi primera reacción fue “Ah ta--- no empiezo ahora, total. Dejo para la semana que viene y lo hago 100% ahí”.

 

Por suerte, A) me escuché a mi misma diciéndolo, B) y me acordé del Grupo.

 

Me acordé de que había abierto el Grupo privado del Desafío 21 Días para hacerlo acompañada de la comunidad y dije públicamente que yo empezaba ese lunes. Saber que había alguien ahí esperando mis fotos de mi primer día detox me ayudo MUCHÍSIMO a encontrarle la vuelta para comer bien y que haya fotos!

 

Creo que fue el día más compli de todos pero me marcó ritmo y me dio esa fuerza interior de esto-va-en-serio.

Creeme, tu cerebro está tomando nota de lo que hacés.

 

TIP: Cuando empieces un nuevo hábito, sumate a un grupo afín y declará públicamente tus objetivos. Compartí tu proceso e involúcrate en cómo le va a los otros para renovar la motivación a lo largo de los días. Vale hacerlo con una amiga o tu pareja.

 

 

3. Horarios

Cuidar mis horarios era algo que me propuse y puff… no me fue tan bien como quería ni como en otros detox. Estuve divina en no caer en noches de Netflix (woohoo! – hay que celebrar todos los wins, che), pero admito que tuve una seguidilla de dormirme tarde en la semana dos y me di cuenta como afectó directamente en mis hábitos y mi apetito.

No son cosas nuevas para mí pero reforcé algo que ya sabía y me di cuenta de que ciertos hábitos que creía tener muy superados vuelven fácilmente ante situaciones de estrés.

 

TIP: No todo va a salir al 100% como uno espera, allí es importante acordarnos que es un proceso y tomar nota de qué nos costó para seguirlo trabajando después del 21 días. Lo que aprendemos de nosotras mismas puede ser lo MÁS importante de todo el proceso.

 

4. Dejar Los Dulces NO Fue Tan Difícil!

Previo a empezar me perseguía una pregunta – “¿voy a poder sin postre nuuunca?” Soy muuuuy dulcera. Nope, no vivo a dulces pero me llevó años llegar a este punto de dulcera moderada. Antes mi paladar ni registraba que es “empalagarse”. Je.

Ese postre a la tardecita muchas veces es un mimo o lo asocio como un momento todo mío.

(Haciendo un aparte. Decime – vos compartís el postre? Respondé y contame porque esto es un debate en casa!)

 

Me permití unas tostadas con mermelada los primeros días (pan de masa madre + mermelada orgánica, debo aclarar ;)), y admito que le puse azúcar mascabo al café cosa que jamás hago.

Pero me sorprendió para bien que NO fue lo más difícil del proceso, y que incluso en momentos muy locos de estrés en la semana dos mi cuerpo no me pedía harinas ni helados.

En mí último domingo me regalaron un postre bomba y me encontré a mi misma guardándolo para más adelante; lo más lindo es que no fue por “fuerza de voluntad” sino porque escuché a mi cuerpo y me dijo “ahora no”. Me encantó ver lo rápido que el cuerpo responde y quiero acordarme de esto en mi próximo detox!

 

TIP: Lo que le tenés más miedo no necesariamente va a ser lo más difícil; permitite navegarlo. Aquí te viene extra bien el tip #1. Vivilo como un desafío y un descubrimiento de cómo te podés sentir sin X cosa, en vez de un “prohibido”, y vas a sentirte dueña de tus decisiones (y amarlas sean cuáles sean!)

 

 

5. Reemplazar una cosa por otra

Ay ay ay. Viste que te contaba que en verano se me pegaron los refrescos? Odio admitirlo pero sí. Me encontré a mi misma tomando refrescos a mitad de semana y de noche (o sea, chau descanso real) y fue como… “Vic, esta no sos vos”. Fue de las principales razones por las que necesitaba un detox urgente.

Estoy feliiiz porque con mi detox los refrescos han sido desterrados de mi vida y fue de lo más fácil y natural. Venía super contenta porque el cuerpo no me los pedía y hasta me daban asquito. PERO me pesqué en algo claaaave… empecé a NECESITAR cafeína.

 

Amo el té verde, pero nunca sentí que lo necesitaba.

Y aquí estaba necesitando mi té verde; al punto que salí en plena pandemia a buscar té verde (si vivieras conmigo, sabrías que no me cuesta nada quedarme en casa y no salir).

Para la semana dos y pico ya estaba tan enviciada con la cafeína que me estaba haciendo cafés gourmet para la tarde y hasta pidiendo alguno por delivery. Nooooou!

 

Como siempre te digo, una taza de café al día está bien y no se trata de que el café sea malo; de hecho, un buen café está lleno de antioxidantes que el cuerpo ama. Pero dicho sea esto, no quiero reemplazar un vicio por otro. Así que acá ando minimizando mi cafeína y amigándome con el hecho que todo en la vida es un proceso.

 

TIP: Cuando hagas tu detox, mirá más allá de con que “cumpliste”. Observate y buscá patrones, ahí está la magia de conocerte y lograr un cambio real.

 

 

Amé mi 21 días, amé la organización que me dio en otros aspectos de mi vida personal (aún en los días de horarios locos), me encantó variar más y obligarme a priorizar otros sabores que por costumbre estaba dejando afuera, me encantó la experiencia de observarme y registrar mis patrones, que era algo que hace tiempo no me regalaba.

 

Y síiiiiiiii…. Volvió la energía a mí! Mi piel está mucho más linda, tengo las uñas fuertes y si bien no me estuve pesando siento que la ropa me queda más floja y me siento cómoda en mi piel.

Mi parte favorita? Hacer un detox se siente en el cuerpo pero también se siente en el corazón y en la fortaleza interior. Decidirme a hacer algo que me saca de mi zona de confort, proponerme ir a más, exponerme al “riesgo” de que no me salgan bien las cosas, es todo crecimiento. También es regalarme tiempo para mí, priorizarme y entrenar a mi cerebro a ver que hago lo que me propongo y que importa.

 

 

Sip, te lo SUPER recomiendo!

 

Si no estuviste en el Desafío 21 Días abierto que hicimos en marzo, no te preocupes porque podés hacer un detox en tu casa igual. Te cuento que hay tres cositas que te pueden gustar:

  1. Descargá el Mini Recetario Gratis aquí.
  2. Consultanos por los Productos Prontos del Plan 21 Días.
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